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29/9/08

Empatía. Escena campesiña, por Alejandro Abelenda. Xiztoriadores(revisited)



Ocurrió un frío día de invierno. Como cada anochecer oí llegar a mi padre y a mi abuelo, mientras hablaban con un vecino del lugar. Bajé a recibirlo y que grata fue mi sorpresa al ver lo que traían con ellos, dos paquetes, que por su forma y por el olor que desprendían pude adivinar que se trataba de dos quesos, y según apuntó mi padre no se trataba de un queso cualquiera, sino de uno Manchego que le había regalado un comerciante por ayudarle en una tarea complicada, que explicó a mi madre, y a la cual no preste atención ya que me encontraba ocupado soñando con la suculenta cena que me esperaba esa noche.
Decidí ganarme ese manjar y ayudé a mi padre y a mi abuelo, que antes de cenar decidieron cortar unos troncos de leña para calentar la casa. ¡Debimos cortar como diez árboles enteros!, y al acabar estaba agotado. Me dirigí con paso lento hacía la mesa, hasta que vi como mi madre comenzaba a desenvolver el primer queso (Manchego), lo que me devolvió las energías suficientes como para echar a correr hasta llegar a un sitio en la mesa.
Cuando nos encontrábamos todos ya sentados a la mesa mi madre comenzó a servir la cena. Primero dio un pedazo de pan y otro de queso a mi padre, luego corto un segundo pedazo de pan y de queso y se lo dio a mi abuelo y tras él me sirvió a mí. Debido a lo agotado y cansado que estaba del duró trabajo que había hecho engullí sin contemplaciones ambas piezas con la intención de repetir después antes de que se acabaran. Mi madre me miró asustada ya que comía como si de un perro hambriento que llevase una semana sin comer se tratara. En cuanto devoré la última miga articulé con la boca todavía llena –Otro… más, por favor- mi madre no obstante me contestó tajante- no hay más-. Dirigí la mirada a la repisa donde había visto a mi madre desenvolver el primer queso y observé que todavía quedaba el segundo entero y envuelto. Se lo repliqué a mi madre y esta me contestó –ese queso no es nuestro- esta contestación me enfadó, y comencé a vociferar hasta que mi padre me mandó una colleja que por poco me caigo al suelo y me ordenó que me fuese a dormir. Juraría que estuve soñando toda la noche con ese queso muerto de risa, allí, encima de la repisa de mi propia casa.
A la mañana siguiente el ruido de cascos de caballo me despertó, era el recaudador que venía a recoger los sacos de harina y demás que debíamos entregar a nuestro señor. De pronto se me nubló la vista y de un brincó salté de la cama y miré hacia la repisa, ¡que gran horror el mío! ¡Que espanto! Cuando contemplé atónito como mi amado tesoro había desaparecido. Entonces oí el sonido de los cascos del caballo y eché a correr, abrí la puerta y salí tras él, mientras gritaba- ¡Al ladrón! ¡Al ladrón!- Sin embargo mi padre consiguió agarrarme de la camisa justo a tiempo y lanzó contra mi nuca un arsenal de collejas mientras que me arrastraba a empujones a mi cuarto.
Ese día me asomé a la ventana y vi como ese ladrón recogía también el queso y el pan de otros pobres infelices como yo y desde mi ventana maldije a mi señor con el peor de los empachos.


Esta entrada é para recuperar os traballos que colgamos o ano pasado en "xiztoriadores.blogspot.com" para ir intengrando os mesmos na páxina principal de xiztoria. Concretamente foi publicada o 27 de outubro de 2007

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Mira que me reí con esta empatía!!!!!!!
Jeje
Mola.

julián dijo...

Eu tamén me rin con esta historia de Alejanzrónimo. Mágoa que xa non lle vexamos escritos en anzrónimos.

PD. Por certo Diego encantoume a túa lectura do poema dos ollos color cocacola, (¿ou eran azuis?) que liches o sábado pasado.

Unknown dijo...

OlAAA!! el sábado... ais, Lucía insistió para que fuera, y Uxía...
pero andaba ya esos días mal del estómago (que novedad ^^) y sabía que si iba me iba a poner ´nerviosilla y sería peor!!
pero un placer que lo leyeras tú!!

un saludo

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