11/11/09

M.J. de Larra. Retrato do carlista, a "planta nova"

La planta nueva o el faccioso.


Razón han tenido los que han atribuido al clima influencia directa en las acciones de los hombres. Duros guerreros ha producido siempre el norte, tiernos amadores el mediodía, hombres crueles, fanáticos y holgazanes el Asia, héroes la Grecia, esclavos el África, seres alegres e imaginativos el risueño cielo de Francia, meditabundos aburridos el nebuloso Albión. Cada país tiene sus producciones particulares: he aquí por qué son famosos los melocotones de Aragón, la fresa de Aranjuez, los pimientos de Valencia y los facciosos de Roa y de Vizcaya.

Verdad es que hay en España muchos terrenos que producen ricos facciosos con maravillosa fecundidad; país hay que da en un solo año dos o tres cosechas; puntos conocemos donde basta dar una patada en el suelo, y a un volver de cabeza nace un faccioso. Nada debe admirar por otra parte esta rara fertilidad, si se tiene presente que el faccioso es fruto que se cría sin cultivo, que nace solo y silvestre entre matorrales, y que así se aclimata en los llanos como en los altos; que se trasplanta con facilidad y que es tanto más robusto y rozagante cuanto más lejos está de población. Esto no es decir que no sea también en ocasiones planta doméstica; en muchas casas los hemos visto y los vemos diariamente, como los tiestos en los balcones, y aun sirven de dar olor fuerte y cabezudo en cafés y paseos. El hecho es que en todas partes se crían; sólo el orden y el esmero perjudican mucho a la cría del faccioso, y la limpieza, y el olor de la pólvora sobre todo, le matan. El faccioso participa de las propiedades de muchas plantas; huye, por ejemplo, como la sensitiva al irle a echar mano; se cierra y esconde como la capuchina a la luz del sol, y se desparrama de noche; carcome y destruye como la ingrata hiedra el árbol a que se arrima; tiende sus brazos como toda planta parásita para buscar puntos de apoyo; gústanle sobre todo las tapias de los conventos, y se mantiene, como esos frutos, de lo que coge a los demás; produce lluvia de sangre como el polvo germinante de muchas plantas, cuando lo mezclan las auras a una leve lluvia de otoño; tiene el olor de la asafétida, y es vano como la caña; nace como el cedro en la tempestad, y suele criarse escondido en la tierra como la patata; pelecha en las ruinas como el jaramago; pica como la cebolla, y tiene más dientes que el ajo, pero sin tener cabeza; cría, en fin, mucho pelo como el coco, cuyas veces hace en ocasiones.

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Revista Española, n.º 116, 10 de noviembre de 1833

DESVÍO POR OBRAS.

Pica neste enlace para ver o artigo completo

10/11/09

Isto tamén é xiz-toria. Maná, maná

¡Claro que é historia! Historia de tantos que mirábamos a tele nas tardes mentres devorabamos o bocata de chocolate con almendras.

E logo falan de himnos xeneracionais.

PD. ¿Fai falla traducir a letra?

08/11/09

Espronceda. O canto á liberdade do liberalismo romántico...e outros piratas contemporáneos

Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
(...)
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, El Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.

(...)

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

(poema completo neste enlace)



Y si me dan a elegir....de entre todas la vidas yo escojo


07/11/09

Efecto Beyoncee.

06/11/09

Music & buttons pa' la colección

A nosa modesta aportación á colección de música e botóns de MFN ( a ver se se anima a traer a "ghitarra")




Sobre relixión e tolerancia. O caso de Servet e un texto de Erasmo

"En este sentido, la implacable persecución de que fue objeto a lo largo de su vida el teólogo y científico español Miguel Servet representa el contramodelo máximo de las aspiraciones contemporáneas, siendo éste uno de los motivos que justifican la atención creciente que viene dedicándosele1 . Evidentemente, el principal interés de la figura de Servet no radica en su temeraria forma de huir, sin dejar al mismo tiempo de provocar a las autoridades, que fueron acosándolo hasta acabar con él de forma espectacular. Su extensa, ambiciosa y original obra merece bastantes más estudios que los abundantes ya publicados, pues todavía es mucho más lo que queda por decir que lo dicho hasta ahora. No obstante, cuando seguimos el rastro de sus huellas escapando por pies de una a otra ciudad europea (Zaragoza, Toulouse, Basilea, Estrasburgo, Lyon, etc.), o cuando somos conscientes del ensañamiento con que se le acechó, no podemos por menos que sentirnos sobrecogidos, así como internamente involucrados en la defensa de los principios más elementales relativos a la dignidad del ser humano, que sistemáticamente le fueron negados.Nada más significativo a este respecto que recordar cómo, mientras que en un primer momento se le juzgó in absentia (por la Inquisición zaragozana), antes de ser atrapado y definitivamente sacrificado (por el Consistorio de Ginebra, dirigido por Calvino), había sido quemado in effigie, esto es, en forma de estatua (por la Inquisición de Vienne). Pero lo llamativo del caso desde nuestra perspectiva actual es que, para dar más carácter de verosimilitud a dicha ejecución simbólica, tal y como solía hacerse antes de quemar a los condenados de carne y hueso, su efigie fue previamente ahorcada un momento, con el fin de embotarle la «sensibilidad». Resulta no sólo doloroso, sino, en este caso, tristemente irónico contrastar tal delicadeza con la extrema crueldad con que finalmente acabó siendo ajusticiado en la realidad: a fuego lento, y sin atender a sus últimos ruegos. Tres décadas antes de que esto suce diera, su admirado Erasmo de Rotterdam había escrito: «Definimos demasiadas cosas que sin peligro de salvación podrían ser dejadas en ignorancia o en duda. ¿Es que no es posible tener amistad con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo sin ser capaz de explicar filosófi- camente la distinción entre ellos, y entre la generación del Hijo y la procesión del Espíritu Santo? [...]. No te vas a condenar si no sabes si el Espíritu que procede del Padre y del Hijo tiene uno o dos orígenes; pero no vas a escaparte de la condenación si no cultivas los frutos del Espíritu que son caridad, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, mansedumbre, piedad, fe, modestia, continencia y castidad [...]. Definamos lo menos posible y en muchos asuntos dejemos a cada uno libre para seguir su propio juicio».Dicha declaración de tolerancia enlaza con el principal propósito de este interesante, y a ratos apasionante, libro, que retoma con acierto la inseparable relación entre la obra y el talante de Miguel Servet, además de representar un consumado ejemplo de lo que se conoce como historia de larga duración. El mérito y el atractivo de la obra son aún mayores al concentrarse en la vida y la obra de un individuo sin que ello suponga perder de vista la clave panorámica que da sentido al conjunto: una reflexión sobre la libertad de pensamiento desde el siglo XVI hasta nuestros días. En realidad, el libro recoge las intervenciones presentadas al coloquio celebrado en París en 2003 con motivo del 450 aniversario de la ejecución en la hoguera de Servet. Como queda claro en la introducción, no es ésta la primera vez que se conmemora tan lamentable suceso: en 1903, coincidiendo con el 350 aniversario, un grupo de librepensadores planteó en Ginebra la conveniencia de reparar el martirio del aragonés con un monumento erigido en su memoria. A este monumento le siguieron en Francia otros tres más en muy poco tiempo, lo que reflejaba la necesidad de expiación y encuentro entre distintas ideologías en un momento de incipiente secularización. Cincuenta años después, en el cuarto centenario de la muerte de Servet, volvió a celebrarse en Ginebra otro congreso internacional, en este caso sobre la tolerancia. Tras la experiencia de las dos guerras mundiales, la defensa de la libertad de conciencia y la ansiedad por favorecer un clima de ecumenismo y respeto interconfesional era vivida de forma mucho más acuciante y, aunque el congreso no resultó demasiado eficaz en el plano políticoreligioso, al menos sí supuso una importante renovación de los estudios sobre el eterno tema de la tolerancia (destacando los excelentes trabajos sobre Servet y Castellion escritos por el gran pionero de la historia religiosa europea del siglo XVI, Ronald H. Bainton).

http://www.revistadelibros.net/articulo_completo.php?art=3

04/11/09

Diálogo en ayer y hoy. De "La Fontana de Oro", B. Pérez Galdós

Aquí vos presento un texto (aínda que algo excesivo en tamaño para o que é habitual nos blogs) que paga a pena ler. Trátase dun capítulo da obra de Pérez Galdós, "La Fontana de Oro" que vai axudar a para poñer sobre as táboas o enfrontamento durante o Trienio Liberal entre absolutistas e liberais. Personificados neste caso en "Coletilla" (conspirador realista contra os gobernos liberais)e seu sobriño Lázaro (xovén liberal chegados das provincias á corte e asíduo dende o primeiro día á taberna da "Fontana de Oro" punto de reunión e discusión dos liberais madrileños)

Que o disfrutedes. Vos propoño un traballo escolmando argumentos de ambas posturas a partir do texto...


Capítulo XVIII
Diálogo entre ayer y hoy
Elías se paró delante de su sobrino. Este balbució algunas palabras, le saludó de un modo incoherente, y le dijo al fin, después de comenzar muchas frases, que estaba seguro de tener delante a su buen tío; pero al ver que este no le daba contestación ni desarrugaba el ceño, se calló, quedándose cabizbajo y lleno de vergüenza.
Por último, el realista habló.
«No debiera venir a verte, ni acordarme de ti. Mereces lo que te pasa. No tengo lástima de tu miseria, y vengo a conocerte, nada más que a conocerte».
-Señor, yo...
Lázaro no encontraba la fórmula de una explicación. Coletilla sabía por el abate don Gil lo que había sucedido a su sobrino.
«Sé por qué te han puesto aquí. Un amigo que siguió tus pasos esta mañana me lo ha contado todo. Has levantado la voz en medio de una turba de charlatanes, y te han cogido preso. La Justicia te ha puesto donde debieran estar todos los charlatanes».
Lázaro estaba cada vez más confuso. Aquellas palabras, dichas cuando, más que reprensiones, necesitaba consuelo, concluyeron de abatirle. Representósele el carácter de su tío como el más áspero e inflexible que existía en la Naturaleza.
«Me contaron tu hazaña -continuó el viejo con su habitual entonación cavernosa-, y cuando supe que el delincuente era hijo de mi hermana, la indignación y la vergüenza se apoderaron violentamente de mí. No creí que fueras perturbador del orden público. Si tal cosa hubiera sabido, te habrías quedado en el pueblo. Después he averiguado más. Sé que llegaste, y en vez de ir a mi casa fuiste con unos badulaques al café de la Fontana, donde te hicieron hablar y hablaste... y por cierto que lo hiciste muy mal. Todos se han reído de ti. Estuviste después alborotando toda la noche con los que apedrearon la casa de Morillo...». [141]
-¡Ah!, no, señor; yo no.
-De cualquier manera que sea, tu conducta es imperdonable. Pero dime: ¿desde cuándo te has metido a orador? No sabía yo que en Ateca hubiera tanta elocuencia. Te habrán aplaudido los segadores en las eras, y te has creído por eso un Demóstenes.
El fanático reía con tan maligno acento de sarcasmo, que a Lázaro le parecía tener delante un grotesco demonio. Cada palabra abría en el corazón del pobre prisionero una nueva herida, y le abatía y avergonzaba más.
«Pero no extraño tus desvaríos -continuó Elías-: el desorden cunde por todas partes. ¿Qué mucho que estos pedantuelos de aldea tengan tales humos, cuando los sabios de la ciudad ofenden el sentido común con sus ridículos debates? Sin duda algún garito de Zaragoza ha sido el primer teatro de tu petulancia».
La imaginación de Lázaro midió rápidamente el abismo que en ideas y sentimientos le separaba de su tío. Pero se sentía dominado por él, y no podía contradecirle.
«Aquí -continuó el fanático con su espantosa burla-, aquí puedes hablar a tus anchas: nadie te molestará. Lo que puede ocurrir es que te crean loco y te lleven a un manicomio. Allí debiera estar media España. Pero no, ¿qué digo media España?, una pequeña parte, porque casi todos los españoles conservamos el juicio. Sólo una porción de hombres mezquinos, mezquinos de juicio, de carácter, de todo, manifiestan con su conducta todo el extravío de que es capaz nuestra naturaleza. Pero esto concluirá; yo te juro que concluirá, o es preciso creer que no hay Dios en el cielo, perder la fe y renegar del mundo y del alma. Mira, Lázaro -continuó con tono vehemente y apretándole el brazo con tanta fuerza, que le hizo retroceder inmutado y perplejo-; Lázaro, si tú eres de esos, olvida que por tus venas corre mi sangre; olvida que soy hermano de la que te dio el ser. Un abismo nos separa; no hay reconciliación posible. Es preciso que nos odiemos a muerte. Huye de mí; para mí no eres prójimo. Hay cosas que están por encima de los vínculos de la familia. La vida no se reconcilia con la muerte, ni la luz con la obscuridad. Adiós».
Iba a salir; pero Lázaro, trémulo de asombro, le detuvo, y le dijo con mucha turbación:
«Pero, señor, no me abandone usted, hábleme usted. Yo quiero que pensemos de la misma manera».
A pesar de todo, el anciano le inspiraba respeto y veneración; y al ver que reprochaba sus ideas, sintió ese [142] impulso de subordinación tan natural en un joven de temperamento impresionable.
«Si eres de esos -continuó Elías-, vuelve a tu pueblo y no hables de mí; no digas que me has visto; no creas que existo; y es verdad: para ti he muerto».
-Pero deje usted que me explique...
-¿Qué vas a decir?
-Yo pienso... usted comprenderá que yo tengo mis ideas... he leído y tengo convicciones, sí, señor; estoy profundamente convencido...
-Tú, pobre niño, ¿qué puedes saber?... ¿qué convicciones puedes tener? No sabes otra cosa más que las falsedades leídas en cuatro libros que debieran arder en llamas alimentadas con los huesos de sus autores.
A cada palabra se hundía más Lázaro.
«¿Será posible -dijo con desconsuelo-, que usted me pueda arrancar mis creencias que yo he alimentado con tanto cariño y que me dan la vida? No, no podrá usted; y si al fin, con la fuerza de su talento, pudiera conseguirlo, yo le ruego que no lo haga y me abandone. Que nos separe ese abismo que usted dice; y si yo estoy en el error... Pero no lo estoy, yo sé que no lo estoy...».
-Iluso, fanático, vano... porque sólo vanidad es eso, vanidad de Satán -dijo Elías con severidad; y después añadió con más fuerza-: Pero yo te sacaré de esa miseria.
Estas palabras fueron pronunciadas con tan profundo acento de convicción, que el sobrino no pudo contestarlas, y se hundió más.
«¿Qué intentas hacer? ¿Qué esperas? ¿Piensas que esto va a continuar así por mucho tiempo? Te equivocas, que España está a punto de reconocer su error. Mira cómo rebulle por todas partes. El odio a la Constitución late en todos los corazones honrados. Pronto verás al Rey recobrar sus sagrados privilegios, que sólo Dios con la muerte puede quitarle».
-¡Oh señor! ¿Y lo que este pueblo ha conquistado con tanta sangre, será perdido por el orgullo de un solo hombre? Si así fuera, yo renegaría de nuestro linaje; y si España se dejara ultrajar de ese modo, sería digna de mejor suerte.
-¡Digna de mejor suerte! -dijo Elías con la más horrible expresión de que era capaz su rostro abominable-; digna de aniquilarse y desaparecer de la tierra si no lo hiciera. [143]
-No, no lo puedo creer aunque usted me lo diga. Cuando yo no crea en la libertad, no creeré en nada, y seré el más despreciable de los hombres. Yo creo en la libertad que está en mi naturaleza, para que la manifieste en los actos particulares de mi vida. Yo, ciudadano de esta nación, tengo derecho a hacer las leyes que han de regirme; tengo derecho a reunirme con mis hermanos para elegir un legislador.
-Para darte leyes y obligarte a cumplirlas existe un hombre sagrado, ungido por Dios.
-No: yo y mis hermanos le ungimos. Es Rey porque nosotros queremos. Es sagrado para mí si cumple el pacto solemne que ha hecho con todos y cada uno. Si no, no. Pero lo cumplirá, lo ha jurado.
-Hay juramentos -contestó sombríamente Coletilla-, cuyo cumplimiento es un crimen.
Lázaro sintió frío en el corazón. El aplomo con que aquellas palabras fueron pronunciadas le anonadó más, y le hundió más.
«Y todos esos héroes -se atrevió a decir el preso después de meditar-, todos esos héroes, santificados por la Historia, que viven en el recuerdo de los buenos y serán siempre orgullo del género humano; todos esos que han vivido por la libertad, que han muerto por ella, mártires deshonrados en su último día por la mano del verdugo, pero enaltecidos después por la humanidad... ¿no quiere usted que yo los ame? Yo les venero; mi pequeñez no me permite imitarlos; pero por tener ocasión de parecerme a ellos diera toda mi vida, lo confieso. ¡Oh!, si la libertad no fuera la cosa más buena, sería la cosa más bella con la memoria de tantos héroes».
-¿Y esos son tus héroes? ¿Eso es lo que admiras? -dijo Elías.
-¿Pues a quién he de admirar?, ¿a quién he de admirar? ¿A los tiranos? ¿A Nerón, matando a Séneca; a Felipe II, asesinando a Egmont y a Lanuza; a Luis XV, descoyuntando a Damiens?
-Era preciso enseñar a los franceses que no debía haber otro Ravaillac.
-Pues la lección no hizo efecto, porque hace treinta años que un rey murió en un patíbulo.
-¡Esos son tus semidioses, esos! -exclamó Elías con furia.
-No: mis semidioses no son el exterminio, el terror ni el asesinato. Lamento los desvaríos de todos; mas no extraño que, al huir de las violencias de un extremo, se toque [144] en las violencias de otro, pagando los crímenes de siglos enteros con el crimen de un día.
-No me hables más -dijo Coletilla con voz reposada y lúgubre-: ya sé que eres de esos, de esos a quienes no tengo palabras bastantes duras con que calificar. Tu Dios es un ciego espíritu de libertinaje; la norma de tu conducta es el escándalo. Dime, insensato, ¿cuál es tu fin? ¿Qué ves tú en ese porvenir? Supón que fueras un hombre notable entre los de tu calaña, el más ciego de los ciegos, el más loco de los locos: ¿qué harías, cuál sería tu aspiración?
-Yo no tengo aspiraciones bastardas; no quiero medrar a la sombra de un tirano que pague la adulación con dinero; yo no aspiro más que a la gratitud del género humano, a la gloria.
-¿Gloria por ese camino? La gloria no se consigue sino por el camino de la lealtad, sirviendo a Dios y al Rey. No hay más gloria que la que Dios da en su Paraíso, de la cual es simulacro e imperfecto remedo el culto que da en los altares el linaje humano a los escogidos de Dios. Además, la gloria en la tierra consiste en ser súbdito sumiso y obediente, no en vociferar por calles y plazuelas. De esa gloria que tú has soñado no pueden salir héroes, sino charlatanes y bandoleros. La gloria consiste en cumplir el deber.
-Pues yo cumplo mi deber tratando de emancipar a mis hermanos de una odiosa tiranía, diciéndoles y probándoles que son libres, iguales ante Dios y ante la ley.
-El primero de los deberes es obedecer lo que la ley te mande.
-¿Ciegamente?
-Ciegamente.
-Yo obedezco la ley que es tal ley, la que han hecho los que pueden hacerla, elegidos por mí y mis hermanos, elegidos por todos.
-A ti no te toca examinar la ley, sino obedecerla.
-¿Y si me mandan una infamia?
-No te la mandarán.
-¿Y si me la mandan?
-Te digo que no te la mandarán. Y si acaso Dios permitiera que tu Rey te mandara alguna cosa contraria a la justicia, hazla, que Dios le castigará a él y te premiará a ti en la otra vida. Serás mártir. ¿Qué mayor gloria? El martirio del deber es grande y sublime.
Lázaro se hundió más.
«Observa -continuó Elías-, el espectáculo de esta nación. [145] Unos cuantos desalmados le dan leyes en nombre de un principio absurdo, contrario a la Naturaleza. Sólo al Rey ha dado Dios soberanía. ¡Qué desorden! ¡El Rey obligado por una turba de soldados rebeldes a jurar aquel Código abominable! Lo juró; pero en el fondo de su alma lo detesta. No podía ser de otra manera. Está prisionero, prisionero de sus vasallos que juegan con él. El Rey se ve obligado a representar la más horrible farsa. Jamás la dignidad real ha descendido tanto. Pero él se librará de esta horrible tutela, porque Europa, si es preciso, se coligará para salvar a España. Ya España ha salvado a Europa».
-No, no puedo creer -contestó Lázaro-, semejante iniquidad. Esta invasión sería más odiosa que la de 1808, y también mejor castigada.
-No lo creas: el Rey será restituido a su trono. Además, España no se levantará; y si lo hace, será en favor de la intervención. ¿No ves cómo manifiesta su voluntad? ¿No ves las facciones que aparecen por todas partes? Todas las provincias se arman para proclamar al Soberano absoluto, y aún no han aparecido las principales facciones. España se alzará contra ese absurdo sistema, y Fernando volverá a ser nuestro Rey amado.
-¿Será posible? -dijo Lázaro con desaliento; y entonces se hundió más.
-Tan posible, que no pasará mucho tiempo sin que lo veas. Ahora se va a conocer el temple de las almas. Todos esos charlatanes que te han llenado la cabeza de desatinos huirán avergonzados, yendo a esconder su ignominia en tierra extranjera. Entonces se cubrirán de gloria los hombres de corazón recto; los leales y patriotas lucharán contra una plebe desenfrenada; lucharán por el derecho, por Dios y por el Rey; vivirán eternamente en la memoria de todos, y sus nombres serán en lo venidero un emblema de justicia y de honradez. Estos son los héroes, Lázaro; estos.
Lázaro se acabó de hundir. Las palabras de su tío le impresionaban de tal modo, que no tuvo aliento más que para decir tímidamente:
«¿Esos nada más?».
-Nada más. La gloria es muy divina para que pueda coronar otra cosa que la justicia y el deber. No esperes nada fuera de esto. El torbellino de esa turba ciega te arrastra: ve con él. No te digo más. Camina a la deshonra y a la muerte. Adiós. Algún día te acordarás de mí.
-No -exclamó deteniéndole-: yo quiero que [146] usted me aconseje y me guíe... Yo... aunque tengo bastante fuerza de convicciones...
-¿Fuerza de convicciones? -dijo el fanático, deteniéndose y mirando a su sobrino con desprecio.
Sí -contestó este-, y no puedo perderlas, no quiero perderlas.
-Bien: sigue por ese camino. Lejos de mí no esperes otra cosa que deshonra, obscuridad. Yo te abandono a tu suerte. Hágome la cuenta de que no te conozco. Te pondrán tal vez en libertad, irás con ellos, serás vencido, y entonces... o huirás con ignominia, o te entregarás a la venganza de tus enemigos, que no tendrán perdón para ti, y harán bien.
-¿Pero usted me abandona?
-Sí: ya te he conocido. Vine sólo por conocerte. Ya sé quién eres. En mi casa te espero; pero no vayas a ella sino convertido.
-¡Ah, imposible! No iré.
-Pues adiós -dijo Elías con decisión.
-Adiós -repitió Lázaro con angustia.
Coletilla salió. El joven no se atrevió a detenerle. No creyó que se marchaba hasta que le vio fuera, y sintió que el carcelero cerraba la puerta. Entonces tuvo impulsos de llamarle; gritó; no fue oído; lloró lágrimas de desesperación; golpeó violentamente con sus manos la puerta y el cerrojo, y al fin, cediendo a la fatiga y al trastorno mental, cayó de nuevo en aquel letargo extraviado y doloroso de que le sacara momentos antes la llegada de su tío.



Por se vos apetece ler enteira a obra XD.
DESVÍO POR OBRAS.
http://rapidshare.com/files/32657654/Perez_Galdos__Benito_-_La_Fontana_de_Oro__1867_.doc

31/10/09

Proclamación como rei absoluto de Fernando VII en Betanzos city


Unha vella entrada do blog , na sección Garelia, informanos sobre a celebración pola volta ao trono de Fernando VII logo da Guerra de Independencia. Paga a pena.botarlle unha ollada.
Mesmo daría para que alguén se animara a facer un traballiño audiovisual sobre ela.

CUALIFICACIÓNS DO TEST DO VENRES.

Cualificacións 2º “A”. Test 30-X-09

BCI 6,BFJ 6.6,BSC 5,CTX 4.6,DPL 6.5,ECA 6.75,GVS 3,GNJ 1.8,GFE ex,GVF 5.2,LML 3,LLH 6.6,LPA 5.6,LSL 9.2,MFN 7.1,NGP 6.2,NFG 6.6,PCV 4,RPP 8.7,RMA 6.1,RPA 7,SPC 3.4,VMS NP


Cualificacións 2º “B”. Test 30-X-09

BRC 9.2,CPA 6.8,FPF 9.1,GCOs 6.5,GCOl 1.2,GAS 1.6,LAD 0.8,LVA 9.1,MFV 5.1,MMG 7.9,MVL 6.3,PVA 6.4,SVS 9,TSR 6.5,VDR 8.8,


Cualificacións 2º “C”. Test 30-X-09

ACJ 4.3,BPR 8.5,CDV 9.2,FRC 6.4,FSP 4.6,FVA 3.5,GDS 3.3,GPI 4.8,LPM 2,NFE 6.7, NRL 9.3,PSM 1.6,RPC 6.3,RPL 6.6,RMN 5.5,RNB 1.5,RSS 2.6,,RBN 7.3,SSI 5.8, UVJ 4,VVI 1

29/10/09

De 1808 a 1833, relato e reflexións sobre a historia de España

En cuanto regresó de su viaje, lo primero que hizo Al­varo fue pasar por la calle del Caldero (...)
Entre los reflejos cruzados del Camino de los Cristales, Hans se detuvo en seco. Un momento, dijo, pero, ¿pero el café no estaba ahí, enfrente de? Bah, se encogió de hombros Alvaro, siempre pasa lo mismo. Tú no hagas caso y sigue caminando, que ya aparecerá.
Jugaron al billar, hablaron de Londres y repasaron la pren­sa extranjera. En la tercera de La Gaceta, Alvaro leyó una cró­nica sobre la sublevación en Cataluña. Se habían visto banderas con el rey Fernando colgado de los pies, la revuelta avanzaba por Manresa, Vich, Cervera. Los campesinos se sumaban a la revuelta apoyados por militares disidentes. Buenas noticias, ¿no?, comentó Hans. Más o menos, dudó Alvaro, esto me huele a car­lismo, ojalá no se trate de derrocar a un traidor para coronar a un retrógrado. ¿Y qué es el carlismo exactamente?, preguntó Hans. Uf, resopló Alvaro, eso mismo quisiéramos saber los es­pañoles. En fin, si tienes tiempo haré lo que pueda. Aunque ni los carlistas podrían explicártelo.
Hans escuchaba asombrado el relato sobre la política española de los últimos años. Y, tal como le había advertido su amigo, no era fácil de entender.


O sea, resumió Alvaro, primero Fernando el cabrón conspira contra el traidor de su padre, después lo juzgan y lo absuelven, y más tarde su padre abdica en él, ¿has­ta aquí bien? Napoleón los secuestra a los dos y soborna a Fer­nando, Fernando le devuelve la corona a su padre y su padre se la vende al hermano de Napoleón. ¿Somos lo más grande! Fer­nando queda preso, o mejor dicho queda dándose banquetes en un castillo, hasta que termina la guerra de independencia. El cabrón de Fernando se disfraza de mártir y el pueblo, como siempre, lo recibe como al Mesías. Bonaparte reconoce a Fer­nando como rey cabrón de España, se suprime la constitución republicana y empieza la restauración, ¿no? El rey cabrón con­cede una amnistía, volvemos unos cuantos y él acepta a regaña­dientes la constitución de Cádiz, que como te imaginarás no duró mucho (entendido, asintió Hans, o más o menos, ¿y después tú qué hiciste?), por un tiempo creí que iba a quedarme en Es­paña, pero las cosas no pintaban bien y Ulrike tampoco estaba segura, nuestra vida ya estaba en otro lugar y, bueno, además pensábamos en tener esos niños alemanes que nunca tuvimos. Espera, que me tomo otra. Dios mío, ¡si existieras! Nos volvemos a ir, el liberalismo se acaba pronto, y en el 21 hay una sublevación en Barcelona. Yo intento viajar para apoyarla, pero cuando mi diligencia se acerca a los Pirineos nos enteramos de que la suble­vación está siendo sofocada y entonces, lo confieso, doy media vuelta y vuelvo a Wandernburgo. ¿Sabes?, de lo que más me arrepiento en la vida, además de no haber tenido un hijo con Ulrike, es de no haber seguido viaje ese día (no digas tonterías, dijo Hans, ¿tú qué ibas a hacer?), ¡yo qué sé!, donar dinero, pegar tiros, ¡algo! (aunque sé que lo hiciste, me cuesta imaginar­te disparando), no te extrañes tanto, en algunas circunstancias la violencia es la única manera de hacer justicia (lo dudo, objetó Hans cruzándose de brazos), que uno lo dude, mi querido ami­go, o que tenga miedo, no significa que no sea cierto.
Sí, otra, gracias, ¿por dónde íbamos?, continuó Alvaro, ah, el 23. Y se veía venir, Metternich y Federico Guillermo ya lo habían probado en Italia. Llegaron los cien mil hijos de puta de San Luis, le echaron una mano a Fernandito, ¡con las armas, lo ves!, y adiós a la constitución y lo demás. La Santa Alianza ocupó España como nunca lo había hecho Bonaparte, persiguieron a medio país, la inquisición se puso en forma y así, querido mío, mi país volvió al lugar que más le gusta: el pasado. Así es España, Hans, un carrusel eterno. Scheiśe! ¿A ti te gusta Goya?, a mí también, ¿y por casualidad no habrás oído hablar de un cuadro que se llama Alegoría de la villa de Madrid?, bue­no, no importa. En ese cuadro aparecía un medallón con el retrato de Pepe Bonaparte, Goya le había jurado fidelidad como tantos ilustrados. Pero cuando Madrid se libera de los franceses, Goya sustituye la cabezota de Pepe Bonaparte por la palabra constitución, ¿qué te parece? Y unos meses después vuelve a po­ner la cabezota, cuando los franceses recuperan la ciudad. Don Francisco no duda en reescribir constitución después de la vic­toria final, ¡y atención!, en el 15 tapa la palabrita con un retra­to de Fernando el cabrón, que aguanta su cabeza ahí hasta el trienio liberal. Entonces la constitución vuelve al cuadro hasta el maldito 23, y vuelta a empezar. ¿Somos o no somos un ca­rrusel? Para mí Goya es el mayor genio de Europa, y ese cuadro el mejor ejemplo de la historia de España (no sabía, se sorpren­dió Hans, que Goya fuera tan calculador), ¡pero si no fue cal­culador, Hans!, así estuvo media España, viendo quién ganaba para salvar el pellejo. Unos lo hacían por sus hijos, otros por su trabajo, seguramente yo lo hubiera hecho por Ulrike. Así de simple. Al fin y al cabo, ¿qué hicimos otros? Irnos.
A la otra España, dijo Alvaro vaciando su jarra, siem­pre la desmantelan. Pasó con los reyes católicos, pasó con la contrarreforma, siguió pasando durante tres siglos, pasó en el 14, acaba de pasar en el 23, ya veremos cuándo toca la próxima. Un país tan conservador y monárquico sólo puede criar rebeldes rencorosos, y los rebeldes rencorosos sólo pueden terminar cas­tigados por su patria (la patria no existe, dijo Hans, ¡tú le echas la culpa de todo a la patria!, los que castigan son los patriotas), no, no, te equivocas, por supuesto que existe, y por eso nos duele tanto (bueno, entonces, por puro patriotismo, te habrá dolido mucho perder las colonias), ¿a mí?, ¡qué va!, ¡a mí me alegra!, ya era hora de dejar de fingirnos un imperio y concen­trarnos en nuestros propios desastres. Y los turcos en Atenas, lo mismo. A mí lo del pobre Riego me encantó, ¡eso sí que es un patriota!, masón, afrancesado y general de España (¿qué hizo?, cuéntame), pues mira, en vez de combatir a los independentis­tas americanos, el hombre se subleva, exige la constitución de Cádiz y extiende el movimiento por Galicia y Cataluña. ¡Per­fecto!, ¿qué culpa tiene América? Dudo que Bolívar haga con su pueblo nada peor de lo que hicieron nuestros virreyes (él quizá no, ya veremos qué hacen con el pueblo las oligarquías nacio­nales después de independizarse), ah, ese es otro tema, yo creo que les convendría unirse ¿lo ves?, ¡los imperios existen, las patrias no!), mira que eres terco (oye, ¿y qué pasó con el gene­ral?), ¿con quién?, ¿con Riego?, nada, lo ejecutaron entre aplau­sos en una bonita plaza de Madrid.



Andrés Neuman; El Viajero del siglo, Alfaguara 2000

28/10/09

Os límites da novela e o cine históricos. Pistas para a reflexión

1.- Primeiro texto para a reflexión.
Señor Hans, campanilleó Sophie apaciguando la discusión entre el profesor y el señor Levin, hace tiempo que está callado y tanto silencio, compréndanos, empieza a preocuparnos tratándose de usted. Así que si gusta, explíquenos, ¿por qué le desagradan las novelas históricas? Hans suspiró.
Verán, comenzó Hans, no es que no me gusten. Para mí los folletines de Walter Scott, y los de sus imitadores ya ni digamos, son un fraude. Pero no porque sean históricos, sino porque son antihistóricos. La historia me apasiona, y por eso la moda de las novelas históricas me parece penosa. No tengo nada contra el género, sólo que rara vez se le hace justicia. Creo que el pasado no debería ser un entretenimiento, sino un laborato­rio para analizar el presente. En esos folletines suele haber dos clases de pasado: paraísos bucólicos o falsos infiernos. Y en am­bos casos el autor miente. Desconfío de los libros que insinúan que el pasado fue mucho más noble, cuando ni el propio autor volvería si pudiese. Y también desconfío de los libros que in­tentan convencernos de que el pasado fue peor en todos los sentidos, que es lo que suele decirse para disimular las injusticias del presente. Quiero decir, y perdonen el discurso, que el pre­sente también es histórico. En cuanto a los argumentos, yo los veo vacíos. Llenos de acontecimientos pero vacíos de sentido, porque no interpretan su tiempo ni los orígenes del nuestro. No son realmente históricos. Los folletines utilizan la documen­tación como telón de fondo, en vez de tomarla como punto de partida para reflexionar. Sus argumentos casi nunca vinculan pasión y política, por ejemplo, o cultura y sentimientos. ¿De qué me sirve saber cómo se viste exactamente un príncipe, si no sé cómo se siente por ser príncipe? ¿Y qué me dicen ustedes de esos romances intemporales? ¿O vamos a creernos que la historia se transforma pero el amor siempre es el mismo? Por no hablar del estilo, ¡ay, el estilo de las novelas históricas! Con todos mis respetos, me cuesta entender que se sigan contando aventuras de caballeros como si no se hubiese escrito nada des­de las novelas de caballerías. ¿Acaso el lenguaje no transcurre, no tiene también su historia? Pero he vuelto a hablar demasiado. Les ruego que me disculpen.
Todo lo contrario, querido señor Hans, sonrió Sophie, ¿qué opinan los demás?

Andrés Neuman; El Viajero del siglo, Alfaguara 2000.Pxs. 173-174

2.- Outra pista para a reflexión.



Conviene aclarar para aquellos que busquen libros de historia en formato audiovisual, que una película no es un libro de historia. La ambientación, la recuperación de arquitecturas perdidas o el retrato de personajes históricos son trabajos complejos, mucho más complejos según nos alejamos en el tiempo. En primer lugar porque nos faltan muchos datos, en segundo lugar porque las sociedades mantienen costumbres y usos que hoy nos chocan por extraños. Una película es una historia, en el sentido de cuento, de narración, que pretende entretener, que nos plantea algunas preguntas, que nos presenta imágenes valiosas en su mera belleza o en lo que tienen de evocación. En este sentido podéis ver “Dulce Libertad” (1985) de Alan Alda que hace un retrato divertido y certero sobre las contradicciones entre el lenguaje y las pretensiones de una obra histórica y una película. El protagonista, el propio Alan Alda, comprueba como delante de sus ojos y contando con su supuesto asesoramiento, la historia de la película se aleja más y más del relato original de los hechos. Desde luego, una de las mejores metáforas sobre la historia-ficción, que goza hoy en día de tanto éxito, tanto en el cine como en la novela.
La principal de las pegas que encontramos en el cine histórico, en la novela histórica e incluso en algunos libros de historia es la “presentización”, atribuir valores o contravalores del presente a personajes del pasado. Desde entender que un caballero castellano del siglo XIII actúa siguiendo un atávico nacionalismo español, a pensar que San Francisco ejercía en el siglo XIII una suerte de ONG de protección de los animales por aquello de llamar hermanos a todos los bichos que se tropezaba. A menudo encontramos que los relatos de las películas nos agradan más o menos por lo mucho que se parecen a eso que nos gusta oír o ver. En definitiva, porque nos dan la razón y nos confirman en nuestras perezosas certezas. Ya sabéis que nada es más peligroso que nos adulen o que nos den la razón…..

27/10/09

"El mundo que yo no viva..." Agustín García Calvo y Amancio Prada

El mundo que yo no viva
lo pensé como cosa extraña,
como arca de maravilla.
Ay de mi vida

Allí ¿sonará la lluvia
junto al fuego las noches frías?
¿Tendrá Agosto en el río barcas?
Y tú ¿la gentil sonrisa?

¿Brillará en el papel que siembro
la negra flor de la tinta?
Ay de mi vida

¿Será posible que vengan
los amigos y que "Era" digan
"un hombre, y te quiso mucho"
y "Mucho" llorando digas?

Es el mundo que no conozco,
Atlántida sumergida.
Ay de mi vida.

Allí las palmeras echan
esmeraldas. Allí las crías
del delfín esmeraldas pacen.
Allí no hay noche ni día:
cuando ordeñan a los rebaños,
de púrpura el mar se agría,
Ay de mi vida.

Más limpio que agua de oro
es el mundo que yo no viva:
no hay naves de arar espumas
ni arado para las viñas;
el gran árbol le da su fruto
al que el nombre del fruto diga.
Ay de mi vida.

Ese mundo no es el mío:
es el tuyo: el que en tus pupilas
hundido está desde siempre
y no lo alcanza mi vista.
A ese mundo quisiera entrar,
antes que suene la hora
- ay - de mi vida.

Agustín García Calvo

DESVÍO POR OBRAS
http://www.filestube.com/cb402250677ae1c803ea/details.html

23/10/09

O adianto do último disco de Quique González.

¡xa se, xa sei...! Non todo vai ser historia de España.
Para que os atosigados polo curso se "des-atusaguen"(Lu dixit).¡Que mellor que colgarse a lua baixo do brazo! e darse un "paseo" por este video clip.

21/10/09

Accidentada e reveladora historia dun cadro de Goya

Accidentada historia de (...)un famoso cuadro de Goya, La alegoría de la Villa de Madrid, que hoy figura entre las obras más preciadas del Museo Municipal capitalino. En este cuadro, el gran pintor representó a la ciudad como una joven matrona coronada, vestida de blanco con manto rosa, descalza y con un perrito –símbolo de la fidelidad- a sus pies; mientras uno de sus brazos se apoya en el escudo de la villa, el otro señala hacia un medallón en el que hoy puede leerse, en letras de oro, la frase “Dos de Mayo”, recuerdo inequívoco de la sublevación de los madrileños contra los franceses en los primeros días de la Guerra de la Independencia.

Pero hete aquí que no fue precisamente ésa la intención primera del artista.
El cuadro respondía al encargo del Ayuntamiento afrancesado de la ciudad, que quería colgar en la Sala Capitular un retrato del nuevo monarca, José Bonaparte, hermano de Napoleón. Así, cuando en febrero de 1810 Goya presentó la tela, en el medallón destacaba la efigie del rey José. No sería por mucho tiempo. En mayo de 1812, los franceses derrotados abandonaron la ciudad y los patriotas madrileños hicieron desaparecer el retrato del óvalo, pintando encima la palabra CONSTITUCIÓN, en honor a la entonces recién aprobada en Cádiz. Tan sólo unos meses más tarde, en noviembre, los reveses de la guerra devolvieron a Pepe Botella a su lugar en el medallón, del que sería definitivamente desahuciado en 1813, tras la derrota final de las tropas napoleónicas. De nuevo apareció el rótulo constitucional, que la reacción absolutista de Fernando VII hizo desaparecer en 1814, sustituyéndolo por su retrato. Ahí se mantuvo hasta 1843, en que los liberales ordenaron cubrir su imagen por la leyenda “Libro de la Constitución”. Tres décadas más tarde, en 1872, el alcalde de entonces, marqués de Sardoal, quiso recuperar el retrato regio que supuestamente se escondía bajo los diversos repintes del medallón y, al no encontrarlo, mandó que se inscribiera la frase “Dos de Mayo”, poniendo fin a los avatares constitucionales de la preciada obra de Francisco de Goya.


Información recollida en:



18/10/09

Os fusilamentos do 3 de maio. O xogo dos opostos.Goya vs Gross

Cuando Goya dio la pincelada final a Los fusilamientos en la Montaña del Príncipe Pío inició un diálogo. Aunque mucho se ha escrito, no hay pruebas de que dicha obra fuera una respuesta a La rendición de Madrid de Gros. Pero podemos pensarlo así.
Es notoria la contraposición de imágenes y significados. Cabe aclarar que, si hubo influencia, fue la obra del francés la que actuó sobre la de Goya, debido a las fechas de ambas creaciones (1810 y 1814 respectivamente). Ahora bien, observémoslas detenidamente
El 4 de di­ciembre de 1808 Madrid se rendía al em­perador.
Gros ha representado la entrega y la humillación de los madrileños, que se arrodillan y bajan la cabeza ante un Napoleón sereno, firme, secundado por sus hombres, uno de los cuales sostiene en una mano el decreto de amnistía para los rendidos. Otra vez aquí los elementos sublimes del poder y la piedad.



Goya, en cambio, corrige el «modelo» francés del gusto sublime. Reemplaza al héroe legitimador por los madrileños que mueren, singularizados en sus distintas actitudes: Desde los que rezan, los que no quieren ver la matanza, y el que hace frente a la descarga ofreciendo su pecho. A su vez, deshumaniza al pelotón de fusilamiento al hacerlo anónimo y sin rostro

Las figuras que inclinan la cabeza y unen sus manos en la pintura de Gros se corresponden a las que Goya hizo, pero en forma invertida, porque allí levantan los brazos y la cabeza (Aunque uno parece rezar, como si fuera un «guiño» a Gros). Es decir, lo que en Gros significa aire victorioso y de misericordia, en Goya es de resistencia y represión.








"Podrían entenderse El dos de mayo de 1808 y El tres de mayo de 1808 (hacia 1814, Madrid, Prado), de Francisco de Goya, como una respuesta del pintor aragonés a la conocida pintura de Gros La rendición de Madrid (1810, Versalles, M. N. del Castillo), que se expuso en el salón de 1810, en el que se representa la absoluta entrega de los españoles, verdadera humillación en algunas figuras que se echan al suelo, y la nobleza —y contento en uno de los guardias (verdadero guiño popular o populista de Gros a sus conciudadanos)— de los mandos franceses, uno de los cuales sujeta en la mano derecha el decreto de amnistía para los ciudadanos de Madrid. No sabemos si Goya conocía esta obra de Gros, aunque fuera a través de estampas o por información indirecta, es posible que no y que pintara las suyas a tenor de los acontecimientos que se desatan en la contienda y en la órbita de las estampas que por entonces se publicaron en Madrid, que recuerdan, como ya señalé antes, algunas estampas francesas revolucionarias, pero la historia se ha encargado de hacer «justicia poética» y es ya habitual emparejar la pintura de Gros con la de Goya. El cuadro del francés presenta la rendición de Madrid en la óptica victoriosa y compasiva de los héroes franceses, los de Goya plasman la resistencia y la represión.Nada puede ser más opuesto que aquella y estas obras, la de Gros es una pintura sublime, las de Goya empiezan a ser patéticas”.
Valeriano Bozal, Goya y el gusto moderno, Madrid, Alianza Editorial, 1994. ISBN 84-206-7127-4.

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