21/11/09


Cuando la luna asomó su jeta pálida, picada de viruelas, entre las ajusticiadas encinas de la dehesa, calló la noche ...de pronto sorprendida por el relámpago asesino de una carga de fusilería.


Luis Ángel Vaquerizo, El aroma de las nubes

Musica para encher un fin de semana que se anuncia "de-chocolate-con-churros-y-mesa-camilla"


1. “French Navy” – 3:19
2. “The Sweetest Thing” - 4:23
3. “You Told a Lie” – 3:45
4. “Away with Murder” - 4:08
5. “Swans” – 4:09
6. “James” - 3:50
7. “Careless Love” – 4:35
8. “My Maudlin Career” - 4:19
9. “Forests & Sands” – 4:16
10. “Other Towns & Cities” - 3:59
11. “Honey in the Sun” – 5:45
DESVÍO POR OBRAS.
E Por se rematades o disco e queredes máis... ¡unha suxestión! : visitar o blogue
P.D. ¡Boa finde...! ¡Que aproveiten os churriños!

20/11/09

Isabel. "La reina niña"

Fue Isabel una niña algo corta de entendederas y de educación tan descuidada que era prácticamente analfabeta. En lo que re­sultó precoz fue en el sexo; en parte, porque había heredado el ca­rácter ardiente y lujurioso de la familia y, en parte, porque la co­rrompieron sus propios tutores. A los trece años, declararon su mayoría de edad y, a los dieciséis, la casaron con su primo Fran­cisco de Asís, ocho años mayor que ella y descendiente también de Felipe V, el primer Borbón español. Francisco de Asís era un bisexual notorio, escorado a maricón y voyeur. ¿Qué puedo decir—se lamentaba Isabel— de un hombre que en nuestra noche de bodas llevaba más encajes que yo? El pueblo, con mordaz inge­nio, lo apodó Pasta Flora y Doña Paquita.
En la desafortunada elección de tal marido para la ardiente Isa­bel se puede ver la esperanza secreta de la reina madre de que Isabel no tuviera hijos. Seguramente, quería que la corona recayera en su otra hija, la infanta Luisa Fernanda, que era su ojito derecho. Creció Isabel, más a lo ancho que a lo alto, y se convirtió en una reinona gorda y fofa, castiza y chulapona, hipocondríaca y fecunda, que trasegaba fuentes de arroz con leche como el que come aceitunas.
La reina era muy fogosa y tuvo decenas de aman­tes, uno de los cuales, Carlos Marfiori, llegó a ministro de Colo­nias, porque, según las gacetas, “le es muy necesario al rey y sobre todo a la reina”. Tuvo Isabel once hijos, de los cuales le vivieron seis. Los historiadores han echado cuentas y al parecer los que na­cían muertos o morían lactantes eran los que engendraba de su
primo y esposo. Los otros los tuvo con distintos amantes; el pri­mero, una niña, del apuesto comandante José Ruiz de Arana, y el siguiente, un niño, el rey Alfonso XII, del bizarro capitán de inge­nieros Enrique Puig Moltó. Más adelante, tuvo otras tres niñas de su agraciado secretario particular, don Miguel Tenorio de Castilla.
Sepa el escéptico y quizá algo sorprendido lector que desde el punto de vista dinástico no es mayor problema que Alfonso XII fuera hijo adulterino, pues, como se sabe, la ley española, fiel al código napoleónico, sostiene que todo hijo nacido dentro del matrimonio tiene por padre al marido. Ahora, con tanta prueba genética, no sabemos en qué acabará la cosa.
Por cierto que, para que se vea el carácter llano y borbónico de la reina, al ginecólogo que auscultándola predijo que estaba em­barazada de un varón (Alfonso XII) le concedió el título de mar­qués del Real Acierto.
Dos influencias predominantes hubo en la corte de los mila­gros, como se llamó despectivamente a la de Isabel II: el confesor de la reina, el padre Claret, un minúsculo y enjuto clérigo, ator­mentado a causa de la permisividad sexual de los nuevos tiempos, y sor Patrocinio de las Llagas, una monja histérica y falsaria, que había sido procesada por fingidora de milagros y que, aprove­chando que la reina, simplona y entregada, era incapaz de negarle un favor, se convirtió en una pía agencia de empleo, que coloca­ba a sus recomendados en los mejores puestos de la administra­ción pública (haciendo con ello desleal competencia a la reina madre).

Muchos generales

Al final de la regencia de la reina, el general Espartero había go­bernado dictatorialmente, con las Cortes disueltas. Un pronun­ciamiento lo derrocó y restituyó una sombra de gobierno par­lamentario que nuevamente desembocó en dictadura, esta vez con el general Narváez. Y después de Narváez, en 1854, tras otro pronunciamiento, gobernó el general O’Donnell, que llegó a un acuerdo con Espartero, para encabezar dos partidos que se alter­naran en el poder, la Unión Liberal de O’Donnell y los modera­dos de Narváez. La política nacional no era aburrida ni previsible porque a los endémicos pronunciamientos, con su secuela de mo­vilizaciones funcionariales, destierros de unos y regresos triunfa­les de otros, había que sumar una guerra en Africa (en la que Juan Prim tomó Tetuán), y otra en el Pacífico.
Hacia mediados de siglo la economía del país comenzó a prosperar y las inversiones de capital extranjero, especialmente francés, hicieron posible un cierto despegue económico: se abrie­ron fábricas textiles en Cataluña y acerías en el País Vasco, se in­tensificó la explotación minera, se tendieron ferrocarriles. En este ambiente propicio, surgieron los primeros especuladores, como el marqués de Salamanca, y una oligarquía de industriales enrique­cidos, que constituyeron dinastías bancarias y empresariales, algu­nas de las cuales perduran todavía.
La reina, envalentonada, arrinconó a los elementos progresis­tas y provocó con ello una terrible marejada en las medanosas aguas de la política nacional. El papa, siempre al quite, apoyó la nueva orientación de la monarquía, tan conveniente para los in­tereses de la Iglesia. Años antes se había resistido a bautizar a Al­fonso XII por ser hijo adulterino, pero echando pelillos a la mar, y comprendiendo que, si la monarquía caía, la Iglesia perdería su secular aliado, no vaciló en apoyar a Isabel, y hasta la condecoró con la más alta distinción vaticana, la Rosa de Oro. «Santo Padre, ¡es una puttana!», objetó un cardenal de la curia. A lo que Pío IX replicó: «Puttana, ma pia (Puta, pero piadosa).»
El ala progresista, en vista del viraje autoritario de Isabel, se agrupó a la sombra del general Prim, que odiaba a los Borbones, y de los destacados generales Serrano y Domínguez. En 1868, triunfá el pronunciamiento de una parte del ejército, secundado por el pueblo, en lo que se ha llamado Gloriosa revolución. El vo­luble y tornadizo pueblo, por el que Isabel se creía adorada, se echó a la calle al grito de «Abajo la Isabelona, fondona y golfona», y el general Serrano, antiguo amante de Isabel, derrotó a las tro­pas de la reina en la batalla del Puente de Alcolea (aun existe el puente, bello y de piedra, cerca de Córdoba). Así terminaron los marchitos esplendores de la corte de los milagros. Isabel, que estaba veraneando en San Sebastián, sólo tuvo que recorrer unos ki­lómetros para ponerse a salvo en Francia: «Creía tener más raíces en este país», declaró al traspasar la frontera.




18/11/09

A Feira de Scarborough

Por se alguén quere opinar sobre estas versións do clásico tema de Simon&Garfunkel

(Ao final sorpresa dende Vietnam)

Empezamos pola orixinal.


A versión de Amy Nuttall

Con vostedes... Marianne Faithfull



Brainbox, dende Alemania


E para rematar o MONOCHORD DAN BAU by PHAM DUC THANH


E POR SUXERENCIA DE RAQUEL (SELOL)

17/11/09

La vida del hombre en cuatro botellas

"Humor en familia"

15/11/09

NOCIONES DE ESPAÑOL MODERNO

Éste es el texto que una señora de Madrid, Ana María, envió a Radio Nacional de España para que se leyera en uno de sus programas.
"... Desde que las insignias se llaman pins, los maricones gays, las comidas frías lunchs, y los repartos de cine castings, este país no es el mismo: ahora es mucho, muchísimo mas moderno.

Antaño los niños leían Tebeos en vez de comics, los estudiantes pegaban posters creyendo que eran carteles, los empresarios hacían negocios en vez de business, y los obreros, tan ordinarios ellos, sacaban la fiambrera al mediodía en vez del tupper-ware.Yo, en el colegio, hice aerobic muchas veces, pero, tonta de mí, creía que hacía gimnasia.

Nadie es realmente moderno si no dice cada día cien palabras en inglés.Las cosas, en otro idioma, nos suenan mucho mejor. Evidentemente, no es lo mismo decir bacon que panceta, aunque tengan la misma grasa, ni vestíbulo que hall, ni inconveniente que handicap...Desde ese punto de vista, los españoles somos modernísimos.Ya no decimos bizcocho, sino plum-cake, ni tenemos sentimientos, sino feelings. Sacamos tickets, compramos compacts, comemos sandwiches, vamos al pub, practicamos el rappel y el raffting. En lugar de acampar hacemos camping y, cuando vienen los fríos, nos limpiamos los mocos con kleenex.

Esos cambios de lenguaje han influido en nuestras costumbres y han mejorado mucho nuestro aspecto. Las mujeres no usan medias, sino panties y los hombres no utilizan calzoncillos, sino slips, y después de afeitarse se echan after shave, que deja la cara mucho más fresca que el tónico. El español moderno ya no corre, porque correr es de cobardes, pero hace footing; no estudia, pero hace master y nunca consigue aparcar pero siempre encuentra un parking.La publicidad ahora es el marketing; el autoservicio, el self-service; y el vips?, los auriculares walkman, los puestos de venta stands, los ejecutivos yuppies, las niñeras baby-sitters, y hasta nannies, cuando el hablante moderno es, además, un pijo irredento. En la oficina, el jefe esta siempre en meetings o brain storms, casi siempre con la public-relations, mientras la secretaria envía mailings y organiza trainings; luego se irá al gimnasio a hacer gim-jazz, y encontrará con todas las de la jet, que vienen de hacerse liftings, con alguna top-model amante del yogourt light y el body-fitness.

El arcaico aperitivo a dado paso a los cocktails, donde se jartan a bitter y a roast-beef que, aunque parezca lo mismo, engorda mucho menos que la carne. Ustedes, sin ir más lejos trabajan en un magazine, no en un programa. En la tele, cuando el presentador dice varias veces la palabra O.K. y baila como un trompo por escenario la cosa se llama show, bien distinto, como saben ustedes, del anticuado espectáculo; si el show es heavy es que conlleva carnaza y si es reality parece el difunto diario El Caso, pero en moderno. Entre medias, por supuesto, ya no ponen anuncios, sino spots que, aparte de ser mejores, te permiten hacer zapping.

Estas cosas enriquecen mucho. Para ser ricos del todo, y quitarnos el complejo tercermundista que tuvimos en otros tiempos, sólo nos queda decir con acento americano la única palabra que el español ha exportado al mundo: la palabra siesta."

Tomado do blog "Humor en Familia"

13/11/09

Liberalismo doutrinario: filosofía e bases sociais. J.M. Jover

Imaxe da burguesía urbana nunha obra de R Cortés 1855 (imaxe tomada da Kalipedia)


Esta peculiar burguesía peninsular (clases medias ilustradas; clases medias enriquecidas por la Desamortización; aristocracia que mantiene su base latifundista, pero que ha aceptado la liquidación de la sociedad estamental y el dogma liberal de la «igualdad ante la ley»; auténtica burguesía de nego­cios surgida del movimiento financiero determinado por el tendido de la red ferroviaria; enclaves peninsulares de la auténtica burguesía europea de base mercantil e industrial: Cádiz, Barcelona, Oporto, etc.), profesa una filosofía política de inmediato abolengo francés, pero que casa perfectamente con la tradición jovellanista nacional. Esta filosofía política es el doctrinarismo; posición esencialmente ecléctica que se propone conciliar los cambios sociales y mentales determinados por la Revolución, con el mantenimiento de una continuidad histórica que se refleja, ante todo, en la primacía de dos instituciones: el Rey y las Cortes. Ni siquiera la «voluntad nacional» pronun­ciada en un momento dado puede prevalecer sobre estas dos instituciones en las que se concreta una voluntad nacional, no momentánea y por tanto variable, sino permanente a través de generaciones. Cabe, además, señalar como caracteres de la mentalidad doctrinaria: la defensa de la propiedad privada como principio sagrado, absoluto e intangible; la defensa del orden público; el centralismo, también de directa inspiración francesa; el cultivo de unos signos externos de respetabilidad que llevará a esta clase dirigente a presentarse como protectora del «orden moral», y a buscar, una vez consumada la Desamortización, el entendimiento con la Iglesia católica. Todo ello valdrá a los grupos dirigentes que quedan apuntados el asentimiento, más o menos expreso, de ese sector de clases medias a que hemos llamado en otro lugar «burguesía hogareña». Por lo demás, si el doctrinarismo cons­tituye la base doctrinal, filosófica, del gobierno de los moderados, su princi­pio de aplicación es el sufragio restringido, bien a los poseedores de unos determinados bienes de fortuna (sufragio censatario), bien a los poseedores de un determinado nivel de instrucción, acreditado en la posesión de unos títu­los o en el ejercicio de una función pública. Tales son los rasgos más visibles que definen, en su actuación política, a los «moderados» que dan su nom­bre a la España de Isabel II.

JOVER ZAMORA, José Mª; Introducción a la Historia de España, Barcelona 1963; px.624

PD. Sirva este texto para volver a deixar constancia da sabedoría e capacidade de síntese do que foi o meu mestre, José María Jover Zamora. Xa non llo podo agradecer en persoa pero quede aquí a miña admiración e agradecemento.

¡Decididamente...confésome fervente "joverista"!

12/11/09

Un novo retrato de personaxe do XIX. O "xunteiro". by Mesonero Romanos

El partido progresista, numéricamente poco importante, mal visto en la Corte, trataba de ganar la calle, como ocurre en casos semejantes. Buscaban el apoyo de los medios populares, las pequeñas clases medias urbanas, tenderos y menestrales, em­pleados modestos, así como a los resentidos y faltos de empleo, a quienes procuraban arrastrar pasionalmente convirtiéndolos, llegado el caso, en elementos de agitación y de revuelta. Claro es que en sus cuadros dirigentes no faltaban los banqueros y los hombres de negocios.
La fuerza de este partido estribaba en el control de la Milicia nacional, por lo que los moderados se encargaron de suprimirla en 1844. Los «milicianos» habían trocado la misión de custo­dios del orden por la de protagonistas del motín con harta frecuencia. El modelo del motín era casi siempre el mismo: revuelta de la Milicia nacional y creación de «juntas» que aglu­tinan a los elementos progresistas más activos.
Mesonero Romanos nos ha dejado una descripción del juntero, prototipo de progresistas: “Este tipo es provincial, moderno, popular y socorrido. Abraza indistintamente todas las clases, comprende todas las edades; pero lo regular es hallarle entre la juventud y la edad provecta, entre la escasez y la ausencia completa de for­tuna. Militares retirados, periodistas sin suscriptores, médicos sin enfermos, abogados sin pleitos y cesantes del pronunciamiento anterior. . . Su residencia ordinaria es el café más desas­trado de la ciudad y allí irá a buscarlos la masa popular cuando sienta su levadura. . . Luego que llega a entrar con aquella in­vestidura (de concejal, por la Revolución) en la Casa Consistorial, saca del bolsillo la proclama estereotípica, en que se habla de los derechos del hombre y del carro del despotismo, de la espada de la ley y de las cadenas de la opresión, a cuya eufórica algarabía responde el gutural clamoreo de los que hacen de pueblo, con los usados vivas y el consabido entusiasmo imposible de describir. Y nuestro juntero, padre de la patria, lo primero que hace es suprimir las autoridades y declararse él y sus compañeros autoridad omnímoda, independiente, irresponsable, heroica y li­beral”

MESONERO ROMANOS: Tipos y caracteres, en Obras, ed. B. A. E., vol. II, p. 242.

En. PALACIO ATARD, Vicente; La España del siglo XIX, Madrid 1978, px. 243

11/11/09

M.J. de Larra. Retrato do carlista, a "planta nova"

La planta nueva o el faccioso.


Razón han tenido los que han atribuido al clima influencia directa en las acciones de los hombres. Duros guerreros ha producido siempre el norte, tiernos amadores el mediodía, hombres crueles, fanáticos y holgazanes el Asia, héroes la Grecia, esclavos el África, seres alegres e imaginativos el risueño cielo de Francia, meditabundos aburridos el nebuloso Albión. Cada país tiene sus producciones particulares: he aquí por qué son famosos los melocotones de Aragón, la fresa de Aranjuez, los pimientos de Valencia y los facciosos de Roa y de Vizcaya.

Verdad es que hay en España muchos terrenos que producen ricos facciosos con maravillosa fecundidad; país hay que da en un solo año dos o tres cosechas; puntos conocemos donde basta dar una patada en el suelo, y a un volver de cabeza nace un faccioso. Nada debe admirar por otra parte esta rara fertilidad, si se tiene presente que el faccioso es fruto que se cría sin cultivo, que nace solo y silvestre entre matorrales, y que así se aclimata en los llanos como en los altos; que se trasplanta con facilidad y que es tanto más robusto y rozagante cuanto más lejos está de población. Esto no es decir que no sea también en ocasiones planta doméstica; en muchas casas los hemos visto y los vemos diariamente, como los tiestos en los balcones, y aun sirven de dar olor fuerte y cabezudo en cafés y paseos. El hecho es que en todas partes se crían; sólo el orden y el esmero perjudican mucho a la cría del faccioso, y la limpieza, y el olor de la pólvora sobre todo, le matan. El faccioso participa de las propiedades de muchas plantas; huye, por ejemplo, como la sensitiva al irle a echar mano; se cierra y esconde como la capuchina a la luz del sol, y se desparrama de noche; carcome y destruye como la ingrata hiedra el árbol a que se arrima; tiende sus brazos como toda planta parásita para buscar puntos de apoyo; gústanle sobre todo las tapias de los conventos, y se mantiene, como esos frutos, de lo que coge a los demás; produce lluvia de sangre como el polvo germinante de muchas plantas, cuando lo mezclan las auras a una leve lluvia de otoño; tiene el olor de la asafétida, y es vano como la caña; nace como el cedro en la tempestad, y suele criarse escondido en la tierra como la patata; pelecha en las ruinas como el jaramago; pica como la cebolla, y tiene más dientes que el ajo, pero sin tener cabeza; cría, en fin, mucho pelo como el coco, cuyas veces hace en ocasiones.

.../...
Revista Española, n.º 116, 10 de noviembre de 1833

DESVÍO POR OBRAS.

Pica neste enlace para ver o artigo completo

10/11/09

Isto tamén é xiz-toria. Maná, maná

¡Claro que é historia! Historia de tantos que mirábamos a tele nas tardes mentres devorabamos o bocata de chocolate con almendras.

E logo falan de himnos xeneracionais.

PD. ¿Fai falla traducir a letra?

08/11/09

Espronceda. O canto á liberdade do liberalismo romántico...e outros piratas contemporáneos

Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
(...)
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, El Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.

(...)

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

(poema completo neste enlace)



Y si me dan a elegir....de entre todas la vidas yo escojo


07/11/09

Efecto Beyoncee.

06/11/09

Music & buttons pa' la colección

A nosa modesta aportación á colección de música e botóns de MFN ( a ver se se anima a traer a "ghitarra")




Sobre relixión e tolerancia. O caso de Servet e un texto de Erasmo

"En este sentido, la implacable persecución de que fue objeto a lo largo de su vida el teólogo y científico español Miguel Servet representa el contramodelo máximo de las aspiraciones contemporáneas, siendo éste uno de los motivos que justifican la atención creciente que viene dedicándosele1 . Evidentemente, el principal interés de la figura de Servet no radica en su temeraria forma de huir, sin dejar al mismo tiempo de provocar a las autoridades, que fueron acosándolo hasta acabar con él de forma espectacular. Su extensa, ambiciosa y original obra merece bastantes más estudios que los abundantes ya publicados, pues todavía es mucho más lo que queda por decir que lo dicho hasta ahora. No obstante, cuando seguimos el rastro de sus huellas escapando por pies de una a otra ciudad europea (Zaragoza, Toulouse, Basilea, Estrasburgo, Lyon, etc.), o cuando somos conscientes del ensañamiento con que se le acechó, no podemos por menos que sentirnos sobrecogidos, así como internamente involucrados en la defensa de los principios más elementales relativos a la dignidad del ser humano, que sistemáticamente le fueron negados.Nada más significativo a este respecto que recordar cómo, mientras que en un primer momento se le juzgó in absentia (por la Inquisición zaragozana), antes de ser atrapado y definitivamente sacrificado (por el Consistorio de Ginebra, dirigido por Calvino), había sido quemado in effigie, esto es, en forma de estatua (por la Inquisición de Vienne). Pero lo llamativo del caso desde nuestra perspectiva actual es que, para dar más carácter de verosimilitud a dicha ejecución simbólica, tal y como solía hacerse antes de quemar a los condenados de carne y hueso, su efigie fue previamente ahorcada un momento, con el fin de embotarle la «sensibilidad». Resulta no sólo doloroso, sino, en este caso, tristemente irónico contrastar tal delicadeza con la extrema crueldad con que finalmente acabó siendo ajusticiado en la realidad: a fuego lento, y sin atender a sus últimos ruegos. Tres décadas antes de que esto suce diera, su admirado Erasmo de Rotterdam había escrito: «Definimos demasiadas cosas que sin peligro de salvación podrían ser dejadas en ignorancia o en duda. ¿Es que no es posible tener amistad con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo sin ser capaz de explicar filosófi- camente la distinción entre ellos, y entre la generación del Hijo y la procesión del Espíritu Santo? [...]. No te vas a condenar si no sabes si el Espíritu que procede del Padre y del Hijo tiene uno o dos orígenes; pero no vas a escaparte de la condenación si no cultivas los frutos del Espíritu que son caridad, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, mansedumbre, piedad, fe, modestia, continencia y castidad [...]. Definamos lo menos posible y en muchos asuntos dejemos a cada uno libre para seguir su propio juicio».Dicha declaración de tolerancia enlaza con el principal propósito de este interesante, y a ratos apasionante, libro, que retoma con acierto la inseparable relación entre la obra y el talante de Miguel Servet, además de representar un consumado ejemplo de lo que se conoce como historia de larga duración. El mérito y el atractivo de la obra son aún mayores al concentrarse en la vida y la obra de un individuo sin que ello suponga perder de vista la clave panorámica que da sentido al conjunto: una reflexión sobre la libertad de pensamiento desde el siglo XVI hasta nuestros días. En realidad, el libro recoge las intervenciones presentadas al coloquio celebrado en París en 2003 con motivo del 450 aniversario de la ejecución en la hoguera de Servet. Como queda claro en la introducción, no es ésta la primera vez que se conmemora tan lamentable suceso: en 1903, coincidiendo con el 350 aniversario, un grupo de librepensadores planteó en Ginebra la conveniencia de reparar el martirio del aragonés con un monumento erigido en su memoria. A este monumento le siguieron en Francia otros tres más en muy poco tiempo, lo que reflejaba la necesidad de expiación y encuentro entre distintas ideologías en un momento de incipiente secularización. Cincuenta años después, en el cuarto centenario de la muerte de Servet, volvió a celebrarse en Ginebra otro congreso internacional, en este caso sobre la tolerancia. Tras la experiencia de las dos guerras mundiales, la defensa de la libertad de conciencia y la ansiedad por favorecer un clima de ecumenismo y respeto interconfesional era vivida de forma mucho más acuciante y, aunque el congreso no resultó demasiado eficaz en el plano políticoreligioso, al menos sí supuso una importante renovación de los estudios sobre el eterno tema de la tolerancia (destacando los excelentes trabajos sobre Servet y Castellion escritos por el gran pionero de la historia religiosa europea del siglo XVI, Ronald H. Bainton).

http://www.revistadelibros.net/articulo_completo.php?art=3

04/11/09

Diálogo en ayer y hoy. De "La Fontana de Oro", B. Pérez Galdós

Aquí vos presento un texto (aínda que algo excesivo en tamaño para o que é habitual nos blogs) que paga a pena ler. Trátase dun capítulo da obra de Pérez Galdós, "La Fontana de Oro" que vai axudar a para poñer sobre as táboas o enfrontamento durante o Trienio Liberal entre absolutistas e liberais. Personificados neste caso en "Coletilla" (conspirador realista contra os gobernos liberais)e seu sobriño Lázaro (xovén liberal chegados das provincias á corte e asíduo dende o primeiro día á taberna da "Fontana de Oro" punto de reunión e discusión dos liberais madrileños)

Que o disfrutedes. Vos propoño un traballo escolmando argumentos de ambas posturas a partir do texto...


Capítulo XVIII
Diálogo entre ayer y hoy
Elías se paró delante de su sobrino. Este balbució algunas palabras, le saludó de un modo incoherente, y le dijo al fin, después de comenzar muchas frases, que estaba seguro de tener delante a su buen tío; pero al ver que este no le daba contestación ni desarrugaba el ceño, se calló, quedándose cabizbajo y lleno de vergüenza.
Por último, el realista habló.
«No debiera venir a verte, ni acordarme de ti. Mereces lo que te pasa. No tengo lástima de tu miseria, y vengo a conocerte, nada más que a conocerte».
-Señor, yo...
Lázaro no encontraba la fórmula de una explicación. Coletilla sabía por el abate don Gil lo que había sucedido a su sobrino.
«Sé por qué te han puesto aquí. Un amigo que siguió tus pasos esta mañana me lo ha contado todo. Has levantado la voz en medio de una turba de charlatanes, y te han cogido preso. La Justicia te ha puesto donde debieran estar todos los charlatanes».
Lázaro estaba cada vez más confuso. Aquellas palabras, dichas cuando, más que reprensiones, necesitaba consuelo, concluyeron de abatirle. Representósele el carácter de su tío como el más áspero e inflexible que existía en la Naturaleza.
«Me contaron tu hazaña -continuó el viejo con su habitual entonación cavernosa-, y cuando supe que el delincuente era hijo de mi hermana, la indignación y la vergüenza se apoderaron violentamente de mí. No creí que fueras perturbador del orden público. Si tal cosa hubiera sabido, te habrías quedado en el pueblo. Después he averiguado más. Sé que llegaste, y en vez de ir a mi casa fuiste con unos badulaques al café de la Fontana, donde te hicieron hablar y hablaste... y por cierto que lo hiciste muy mal. Todos se han reído de ti. Estuviste después alborotando toda la noche con los que apedrearon la casa de Morillo...». [141]
-¡Ah!, no, señor; yo no.
-De cualquier manera que sea, tu conducta es imperdonable. Pero dime: ¿desde cuándo te has metido a orador? No sabía yo que en Ateca hubiera tanta elocuencia. Te habrán aplaudido los segadores en las eras, y te has creído por eso un Demóstenes.
El fanático reía con tan maligno acento de sarcasmo, que a Lázaro le parecía tener delante un grotesco demonio. Cada palabra abría en el corazón del pobre prisionero una nueva herida, y le abatía y avergonzaba más.
«Pero no extraño tus desvaríos -continuó Elías-: el desorden cunde por todas partes. ¿Qué mucho que estos pedantuelos de aldea tengan tales humos, cuando los sabios de la ciudad ofenden el sentido común con sus ridículos debates? Sin duda algún garito de Zaragoza ha sido el primer teatro de tu petulancia».
La imaginación de Lázaro midió rápidamente el abismo que en ideas y sentimientos le separaba de su tío. Pero se sentía dominado por él, y no podía contradecirle.
«Aquí -continuó el fanático con su espantosa burla-, aquí puedes hablar a tus anchas: nadie te molestará. Lo que puede ocurrir es que te crean loco y te lleven a un manicomio. Allí debiera estar media España. Pero no, ¿qué digo media España?, una pequeña parte, porque casi todos los españoles conservamos el juicio. Sólo una porción de hombres mezquinos, mezquinos de juicio, de carácter, de todo, manifiestan con su conducta todo el extravío de que es capaz nuestra naturaleza. Pero esto concluirá; yo te juro que concluirá, o es preciso creer que no hay Dios en el cielo, perder la fe y renegar del mundo y del alma. Mira, Lázaro -continuó con tono vehemente y apretándole el brazo con tanta fuerza, que le hizo retroceder inmutado y perplejo-; Lázaro, si tú eres de esos, olvida que por tus venas corre mi sangre; olvida que soy hermano de la que te dio el ser. Un abismo nos separa; no hay reconciliación posible. Es preciso que nos odiemos a muerte. Huye de mí; para mí no eres prójimo. Hay cosas que están por encima de los vínculos de la familia. La vida no se reconcilia con la muerte, ni la luz con la obscuridad. Adiós».
Iba a salir; pero Lázaro, trémulo de asombro, le detuvo, y le dijo con mucha turbación:
«Pero, señor, no me abandone usted, hábleme usted. Yo quiero que pensemos de la misma manera».
A pesar de todo, el anciano le inspiraba respeto y veneración; y al ver que reprochaba sus ideas, sintió ese [142] impulso de subordinación tan natural en un joven de temperamento impresionable.
«Si eres de esos -continuó Elías-, vuelve a tu pueblo y no hables de mí; no digas que me has visto; no creas que existo; y es verdad: para ti he muerto».
-Pero deje usted que me explique...
-¿Qué vas a decir?
-Yo pienso... usted comprenderá que yo tengo mis ideas... he leído y tengo convicciones, sí, señor; estoy profundamente convencido...
-Tú, pobre niño, ¿qué puedes saber?... ¿qué convicciones puedes tener? No sabes otra cosa más que las falsedades leídas en cuatro libros que debieran arder en llamas alimentadas con los huesos de sus autores.
A cada palabra se hundía más Lázaro.
«¿Será posible -dijo con desconsuelo-, que usted me pueda arrancar mis creencias que yo he alimentado con tanto cariño y que me dan la vida? No, no podrá usted; y si al fin, con la fuerza de su talento, pudiera conseguirlo, yo le ruego que no lo haga y me abandone. Que nos separe ese abismo que usted dice; y si yo estoy en el error... Pero no lo estoy, yo sé que no lo estoy...».
-Iluso, fanático, vano... porque sólo vanidad es eso, vanidad de Satán -dijo Elías con severidad; y después añadió con más fuerza-: Pero yo te sacaré de esa miseria.
Estas palabras fueron pronunciadas con tan profundo acento de convicción, que el sobrino no pudo contestarlas, y se hundió más.
«¿Qué intentas hacer? ¿Qué esperas? ¿Piensas que esto va a continuar así por mucho tiempo? Te equivocas, que España está a punto de reconocer su error. Mira cómo rebulle por todas partes. El odio a la Constitución late en todos los corazones honrados. Pronto verás al Rey recobrar sus sagrados privilegios, que sólo Dios con la muerte puede quitarle».
-¡Oh señor! ¿Y lo que este pueblo ha conquistado con tanta sangre, será perdido por el orgullo de un solo hombre? Si así fuera, yo renegaría de nuestro linaje; y si España se dejara ultrajar de ese modo, sería digna de mejor suerte.
-¡Digna de mejor suerte! -dijo Elías con la más horrible expresión de que era capaz su rostro abominable-; digna de aniquilarse y desaparecer de la tierra si no lo hiciera. [143]
-No, no lo puedo creer aunque usted me lo diga. Cuando yo no crea en la libertad, no creeré en nada, y seré el más despreciable de los hombres. Yo creo en la libertad que está en mi naturaleza, para que la manifieste en los actos particulares de mi vida. Yo, ciudadano de esta nación, tengo derecho a hacer las leyes que han de regirme; tengo derecho a reunirme con mis hermanos para elegir un legislador.
-Para darte leyes y obligarte a cumplirlas existe un hombre sagrado, ungido por Dios.
-No: yo y mis hermanos le ungimos. Es Rey porque nosotros queremos. Es sagrado para mí si cumple el pacto solemne que ha hecho con todos y cada uno. Si no, no. Pero lo cumplirá, lo ha jurado.
-Hay juramentos -contestó sombríamente Coletilla-, cuyo cumplimiento es un crimen.
Lázaro sintió frío en el corazón. El aplomo con que aquellas palabras fueron pronunciadas le anonadó más, y le hundió más.
«Y todos esos héroes -se atrevió a decir el preso después de meditar-, todos esos héroes, santificados por la Historia, que viven en el recuerdo de los buenos y serán siempre orgullo del género humano; todos esos que han vivido por la libertad, que han muerto por ella, mártires deshonrados en su último día por la mano del verdugo, pero enaltecidos después por la humanidad... ¿no quiere usted que yo los ame? Yo les venero; mi pequeñez no me permite imitarlos; pero por tener ocasión de parecerme a ellos diera toda mi vida, lo confieso. ¡Oh!, si la libertad no fuera la cosa más buena, sería la cosa más bella con la memoria de tantos héroes».
-¿Y esos son tus héroes? ¿Eso es lo que admiras? -dijo Elías.
-¿Pues a quién he de admirar?, ¿a quién he de admirar? ¿A los tiranos? ¿A Nerón, matando a Séneca; a Felipe II, asesinando a Egmont y a Lanuza; a Luis XV, descoyuntando a Damiens?
-Era preciso enseñar a los franceses que no debía haber otro Ravaillac.
-Pues la lección no hizo efecto, porque hace treinta años que un rey murió en un patíbulo.
-¡Esos son tus semidioses, esos! -exclamó Elías con furia.
-No: mis semidioses no son el exterminio, el terror ni el asesinato. Lamento los desvaríos de todos; mas no extraño que, al huir de las violencias de un extremo, se toque [144] en las violencias de otro, pagando los crímenes de siglos enteros con el crimen de un día.
-No me hables más -dijo Coletilla con voz reposada y lúgubre-: ya sé que eres de esos, de esos a quienes no tengo palabras bastantes duras con que calificar. Tu Dios es un ciego espíritu de libertinaje; la norma de tu conducta es el escándalo. Dime, insensato, ¿cuál es tu fin? ¿Qué ves tú en ese porvenir? Supón que fueras un hombre notable entre los de tu calaña, el más ciego de los ciegos, el más loco de los locos: ¿qué harías, cuál sería tu aspiración?
-Yo no tengo aspiraciones bastardas; no quiero medrar a la sombra de un tirano que pague la adulación con dinero; yo no aspiro más que a la gratitud del género humano, a la gloria.
-¿Gloria por ese camino? La gloria no se consigue sino por el camino de la lealtad, sirviendo a Dios y al Rey. No hay más gloria que la que Dios da en su Paraíso, de la cual es simulacro e imperfecto remedo el culto que da en los altares el linaje humano a los escogidos de Dios. Además, la gloria en la tierra consiste en ser súbdito sumiso y obediente, no en vociferar por calles y plazuelas. De esa gloria que tú has soñado no pueden salir héroes, sino charlatanes y bandoleros. La gloria consiste en cumplir el deber.
-Pues yo cumplo mi deber tratando de emancipar a mis hermanos de una odiosa tiranía, diciéndoles y probándoles que son libres, iguales ante Dios y ante la ley.
-El primero de los deberes es obedecer lo que la ley te mande.
-¿Ciegamente?
-Ciegamente.
-Yo obedezco la ley que es tal ley, la que han hecho los que pueden hacerla, elegidos por mí y mis hermanos, elegidos por todos.
-A ti no te toca examinar la ley, sino obedecerla.
-¿Y si me mandan una infamia?
-No te la mandarán.
-¿Y si me la mandan?
-Te digo que no te la mandarán. Y si acaso Dios permitiera que tu Rey te mandara alguna cosa contraria a la justicia, hazla, que Dios le castigará a él y te premiará a ti en la otra vida. Serás mártir. ¿Qué mayor gloria? El martirio del deber es grande y sublime.
Lázaro se hundió más.
«Observa -continuó Elías-, el espectáculo de esta nación. [145] Unos cuantos desalmados le dan leyes en nombre de un principio absurdo, contrario a la Naturaleza. Sólo al Rey ha dado Dios soberanía. ¡Qué desorden! ¡El Rey obligado por una turba de soldados rebeldes a jurar aquel Código abominable! Lo juró; pero en el fondo de su alma lo detesta. No podía ser de otra manera. Está prisionero, prisionero de sus vasallos que juegan con él. El Rey se ve obligado a representar la más horrible farsa. Jamás la dignidad real ha descendido tanto. Pero él se librará de esta horrible tutela, porque Europa, si es preciso, se coligará para salvar a España. Ya España ha salvado a Europa».
-No, no puedo creer -contestó Lázaro-, semejante iniquidad. Esta invasión sería más odiosa que la de 1808, y también mejor castigada.
-No lo creas: el Rey será restituido a su trono. Además, España no se levantará; y si lo hace, será en favor de la intervención. ¿No ves cómo manifiesta su voluntad? ¿No ves las facciones que aparecen por todas partes? Todas las provincias se arman para proclamar al Soberano absoluto, y aún no han aparecido las principales facciones. España se alzará contra ese absurdo sistema, y Fernando volverá a ser nuestro Rey amado.
-¿Será posible? -dijo Lázaro con desaliento; y entonces se hundió más.
-Tan posible, que no pasará mucho tiempo sin que lo veas. Ahora se va a conocer el temple de las almas. Todos esos charlatanes que te han llenado la cabeza de desatinos huirán avergonzados, yendo a esconder su ignominia en tierra extranjera. Entonces se cubrirán de gloria los hombres de corazón recto; los leales y patriotas lucharán contra una plebe desenfrenada; lucharán por el derecho, por Dios y por el Rey; vivirán eternamente en la memoria de todos, y sus nombres serán en lo venidero un emblema de justicia y de honradez. Estos son los héroes, Lázaro; estos.
Lázaro se acabó de hundir. Las palabras de su tío le impresionaban de tal modo, que no tuvo aliento más que para decir tímidamente:
«¿Esos nada más?».
-Nada más. La gloria es muy divina para que pueda coronar otra cosa que la justicia y el deber. No esperes nada fuera de esto. El torbellino de esa turba ciega te arrastra: ve con él. No te digo más. Camina a la deshonra y a la muerte. Adiós. Algún día te acordarás de mí.
-No -exclamó deteniéndole-: yo quiero que [146] usted me aconseje y me guíe... Yo... aunque tengo bastante fuerza de convicciones...
-¿Fuerza de convicciones? -dijo el fanático, deteniéndose y mirando a su sobrino con desprecio.
Sí -contestó este-, y no puedo perderlas, no quiero perderlas.
-Bien: sigue por ese camino. Lejos de mí no esperes otra cosa que deshonra, obscuridad. Yo te abandono a tu suerte. Hágome la cuenta de que no te conozco. Te pondrán tal vez en libertad, irás con ellos, serás vencido, y entonces... o huirás con ignominia, o te entregarás a la venganza de tus enemigos, que no tendrán perdón para ti, y harán bien.
-¿Pero usted me abandona?
-Sí: ya te he conocido. Vine sólo por conocerte. Ya sé quién eres. En mi casa te espero; pero no vayas a ella sino convertido.
-¡Ah, imposible! No iré.
-Pues adiós -dijo Elías con decisión.
-Adiós -repitió Lázaro con angustia.
Coletilla salió. El joven no se atrevió a detenerle. No creyó que se marchaba hasta que le vio fuera, y sintió que el carcelero cerraba la puerta. Entonces tuvo impulsos de llamarle; gritó; no fue oído; lloró lágrimas de desesperación; golpeó violentamente con sus manos la puerta y el cerrojo, y al fin, cediendo a la fatiga y al trastorno mental, cayó de nuevo en aquel letargo extraviado y doloroso de que le sacara momentos antes la llegada de su tío.



Por se vos apetece ler enteira a obra XD.
DESVÍO POR OBRAS.
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